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El tiempo en el que a las estrellas se las mira desde otra perspectiva

Hace apenas una semana escribía sobre un evento; ahora ya no me atrevo a hablar de deporte sino de evento de distracción de masas. Si, claro que me alegro del triunfo de la Selección pero no de toda la parafernalia que se ha montado alrededor de tal hecho. Que por cierto, no solo la sufro a través de mis cortas lecturas a los diarios on-line. Entonces, que si la plaza de Colón, que si el suplente de Casillas es quien anima la fiesta, que si, que si… ahora no se habla de otra cosa y para rematar aquí en Alemania se enteran de que eres española y en una clase de portugués el profesor para hacerme leer me trata de: Europa-Meister lo que es lo mismo campeón de Europa y el señor de la cabina telefónica lo primero que me dice ¡hombre española enhorabuena por el juego! ¿Jugué yo? Ahora me entero… que mala debo de ser que no me doy cuenta de que pego patadas a un balón. ¿Tal vez en sueños?

Pero claro, todo en buenas dosis esta bien pero cuando nos apartamos del centro se produce y se da lugar a una desmesura. Igual que cuando vamos a una boda y para rentabilizar el dinero pagado hay que comerse lo que le pertenece a uno más las sobras del de enfrente, no te entra más en el buche pero tu conciencia esta estructurada: pago-como todo lo mío y más. Esas premisas nos llevan a la simple conclusión de lo ocurrido con el fútbol. Jugamos-ganamos-celebro sin conocimiento y además hago de los futbolistas los dioses de la antigüedad griega. ¿Por qué se produce esto?, ¿qué buscamos?, ¿La identificación con el otro a través de la idiolatrización de un jugador de fútbol?

No, esto no puede ser. Pero me quedan como de costumbre mis infinitas preguntas para las cuales no encuentro respuesta: ¿Por qué esto es así?, ¿Qué demonios le hace ser así?

Ahora las estrellas son los jugadores de fútbol y el niño desde pequeño esta detrás de un balón y si el niño va detrás de un osito u otro utensilio que no sea un coche, una consola con juegos para matar o cosas por el estilo ya es catalogado de “gay” o como se dice en el idioma políticamente correcto “homosexual”.

Pero no nos equivoquemos, estoy como la que más a favor del deporte, pero OJO, sin subir al podium de los Dioses a los que lo practican, en este caso a los jugadores de fútbol.

De hecho, tales figuras del deporte como otras tantas son instrumentos para algo, quiero decir, por ejemplo, los periodistas se definen como bustos parlantes aunque no sean ni bustos y parlen sin saber que parlan pero ese es otro tema, hablamos de lo que idealmente serían en eso mismo un mundo ideal …. Pero en esta época no parece importar lo que se hace sino quien lo hace. Es como esa pieza de música silenciosa, esa obra de teatro sin telón de fondo, como el cuadro colgado en el suelo, o el libro sin escribir; así, hasta un infinito de utensilios que son lo que son por quien lo hizo y no por ellos mismos.

El fútbol es por sus jugadores, pero sin el fútbol ellos no serían lo que son. ¿Por qué hemos dejado de mirar las estrellas del cielo para mirar las del suelo? Con esto de que el infierno esta en la tierra, todo vale, por eso el cielo y los dioses están a nuestra altura pero los elevamos con el pensamiento. Comentaba yo con mi querida madre que un día me gustaría ir a visitar a unos mineros, que ellos si son estrellas bajo la tierra, porque ahí están y nadie los contempla porque ya no interesa mirar a las estrellas porque tenemos que hacer un gesto con la cabeza, lo que ocurre con los mineros en este caso el gesto con la cabeza es el opuesto, que deporte más cansado, Dios mío. Por lo cual, preferimos mirar a los que están a nuestra altura pero elevándoles a partir de la nada. Qué pena.

El tiempo en el que en el otro, descubres algo nuevo de ti

Colores, coches, bocinas, pasos, gritos: ¡Deutschland, Deutschland!, el otro grita: ¡ Lucas Podolski!; el de la fila de enfrente: ¡Villa, Villa, nuestra maravilla! El de más atrás ¡España, España! Y el otro responde: ¡Vengamos el sucio juego de los italianos!

Hablo de fútbol si, pero no hablo de si Torres pasa el balón a Villa o si el “pichichi” de la selección alemana se apellida: “Schweinsteiger” lo que significa en Español literalmente: “levantador de cerdos”. No, no. La parte técnica del fútbol se la dejo para los entendidos en el, en este caso para Aragonés.

Me quedo con la parte dedicada a la transformación de un espacio; el de la ciudad, al ordenamiento de un tiempo; el que tiene lugar en la ciudad Alemana de Colonia. No sé si es casualidad pero en los campeonatos de fútbol siempre me encuentro en Alemania. En la copa del mundo, no le di importancia en Berlín a si había fútbol, si gritaban arriba los cerdos o abajo los Lucas, pero esta vez el fútbol se mezclo con mi vida estudiantil, se metió de lleno en la Universidad, como si de una clase o una palestra importante se tratara. Como dice un buen amigo mío: “si Hegel levantará la cabeza…”.

A lo que iba, una de las aulas más grandes del edificio de Filosofía se destino para retransmitir el partido Alemania-Croacia. Para animar a la afición porque a los alemanes parece que les hace falta tener cada dos días su Oktoberfest (la mayor fiesta de la cerveza en Alemania) regalaron así por la cara 300 litros de cerveza a todo el que llegara antes al partido, porque atención, al comienzo de la segunda parte los alemanes fueron a comprar de nuevo provisiones para seguir disfrutando del fracaso alemán contra Croacia.

Pero lo dicho, no importa si se gana o se pierda, pero que quede claro que este año España va a ganar … por lo menos ganamos a Italia, “con su peor medicina” a penaltis y con eso ya hemos vengado 24 años de sucio juego en el que se ve reflejado algo más que una técnica de jugar al fútbol. No digo nada más. Pero hala, la moda y los tortellinis para casa, “schade” (que pena).

Pero en Colonia no sólo se anima a Alemania más que nada porque lo que menos hay son alemanes, haberlos los hay pero se les oye menos que a los turcos que van siempre por la calle con la música incorporada, el móvil de tercera generación (ya no sé si hay de cuarta, me quede obsoleta en el Nokia de hace 5 años, ¿para que más?…) da para todo hasta para compartir la música con el resto de los transeúntes que pasean por las calles.

Con todo esto, la ciudad de Colonia es una mezcla de colores, de gritos y se respira un aire profundo de sentimiento de pertenencia o más bien de mezcla de pertenencias. Uno es turco y alemán y el otro alemán y español y así uno tras otro. La mezcla es el aire que se respira.

Es aquí donde quería llegar y que no es objeto mío sino más bien de la antropología estudiar ya no sólo al ser humano holísticamente sino al ser humano con un balón bajo el brazo. Ya no se dice, el niño con un pan bajo el brazo, ¿por qué?

El fútbol despierta pasiones pero sobre todo una, crea una unión, si, por supuesto; superficial, pero sólo en el caso racional o de intercambio de algún tipo de contenido mental interesante, pero en lo emocional provoca una unión al homogeneizar un sentimiento de pertenencia que se manifiesta en el abrazo, en el choque de manos, en el cruce de miradas. Si no, pongamos el ejemplo del árbitro (piezas fundamentales en los deportes y menudas piezas…) del partido España-Italia, el alemán ese que pitaba todo a favor de la pizza y de la pasta; ¿será que el aceite de oliva y los garbanzos le resultan comida de pobres? En el momento en el que el árbitro se decanta por uno de los equipos, la gente se une para llamarle de todo menos guapo.

No discuto que si el fútbol es un deporte que en casi todas las ocasiones es movido por tontos y tonterías pero como siempre se dice: “de todo lo malo, hay que sacar algo bueno”. Esta vez hice caso al refrán, saco lo bueno y lejos de casa. Aquí me he dado cuenta que mi “casa” esta en mí y yo estoy en ella, pero pensando al mismo tiempo que el otro, Alemania es el que me ha dado pie para percibir tal sentimiento. No es el fútbol sino el efecto de una causa que en mi casa, España, no daría el mismo efecto. Ya que desde hace muchos años deje de prestarle atención al fútbol.

El tiempo sorprende, nunca hay nuevos tiempos en los que no aprendemos algo nuevo. Me alegro de que así sea.

El cambio del tiempo y del espacio en los que actúan y en los que ven

Un año más y por las mismas fechas, la última semana del mes de Mayo tiene lugar uno de los acontecimientos culturales más importantes de la ciudad en la que nací y que ahora debo decir, la ciudad que me dio el ser pero que a la vez añoro siendo. Hablo de la ciudad castellana de Valladolid y que forma parte de la región de Castilla y León para quien no lo sepa y no quiero hacer de menos a nadie.

Pero mi cometido no es hablar de peleas por espacios y en sus distintos tiempos o etapas de la historia. Hablo del Festival de Teatro de Calle de Valladolid conocido también como el TAC y que este año celebró su Novena Edición.

Este año en el dibujo del cartel no aparecía un paraguas lo cual me da que pensar si fue una premonición de las terribles trompas de agua que hundieron a objetos que estaban por la calle en la pasada Edición, personas que caminaban y actores que se quedaron siendo meros espectadores o turistas. No, este año no había paraguas pero el paraguas seguía de la mano de todos y bajo sus paraguas desfilaron sus mejores actores, el público espectador.

No me voy a dedicar a describir como meras diapositivas de arte lo que cada compañía trajo al Festival o como meras reseñas cinematográficas lo que allí aconteció y es sólo por una razón: “el ver para creer”. Con estas palabras animo a los que de algún modo no saben que existe el Festival a que se acerquen y para otros que lo ignoran o lo quieren ignorar a posta les invito a que pongan algo de voluntad en contemplar tan solo las calles de la ciudad que habitan o bien esa ciudad en la que unos días las calles a pesar de parecer el orden hecho presencia, se descubre en su esencia un orden inimaginable.

Lo dicho, hablo de un fenómeno o tampoco se puede hablar de él, pero lo que si que trato de describir es un conjunto de actuaciones y no el de una sola pieza como lo puede ser una pieza de danza, de música, de teatro, de teatro de calle, multimedia…

Así, estábamos todos, colocados en hilera, unas veces nos colocábamos de manera frontal al modo del teatro clásico. En otros momentos rodeábamos a los actores y a los espectadores y en otras ocasiones perseguíamos a los actores y a las gentes que por las calles furrulaban.

Lo que más me llama la atención del festival en general son aquellos que ven, sin ver y los que oyen sin querer oír. La mezcla de improvisación, de risas e incluso de llantos. La improvisación llevada al clímax y esto sólo se manifiesta en su grado más alto en la lluvia, o más bien en las condiciones climatológicas que acompañen al festival. Esta claro que el tiempo climatológico también aporta su grano de arena.

Lo que más me sorprende del teatro de calle es que se aleja de la separación estricta como si de un juez y de un juzgado se tratara. La calle se convierte en un escenario plano donde no hay escalones, es la igualdad tanto deseada y tan poco real. Es el juego conjunto de las manos que se dan y se separan, el cruce de miradas a un mismo nivel, el roce de cuerpos de los que por allí pasean y hasta del que nos hace creer que es otro en sí mismo, el actor.

El recuerdo del final de cada Edición de teatro de calle me recuerda a las Tragedias, al modo una tragedia interior, la que se siente al saber que se termina pero que otro ciclo nuevo esta por llegar. Hasta el TAC 2009.

Y la maceta apareció en el tiempo …

Había dos berlinas y dos latte maquiatos, típico desayuno con bollería industrial alemana y dos chicos preparados para darse un gran festín.

Al otro lado, como si de un escenario de teatro de calle se tratará había un tren de calle o lo que los alemanes llaman (Strassenbahn) y justo al lado de las ruedas del tren un señor. Entre el señor y el tren un charco de sangre.

Siempre que alguien me preguntaba por la vida, siempre respondía con la misma frase: “no sé sabe el día en que uno morirá porque se te puede caer una maceta en la cabeza y dejarte cao”. Ahí estaba la maceta, ahí estaba la antesala a la muerte con aquel señor y también estaba de algún modo la cotidianeidad de la vida en un simple desayuno alemán.

No sé sabe que tren nos llevará a otro lugar, ni cual será nuestro último desayuno, ni que maceta nos va a causar lo que fatalmente ve casi todo el mundo, la muerte.

De algún modo todo es corto y no hay tiempo dentro de otro tiempo que haya que dejar pasar. Ví la maceta y pensé que era una señal, tal vez de las estrellas, de quien llaman Dios, de la misma señora o señor, chica o chico que tenía la maceta en su casa. Veo el rostro del señor que causo casi la muerte inmediata del señor al lado del tren de la calle. Siempre vemos la tela que deja la estrella fugaz pero nunca podremos saber el origen de los acontecimientos, o tal vez si pero lo olvidamos.

En el tiempo se da y se recibe

Pasas, caminas, saludas, pero quien inicia siempre la primera conversación o da el primer paso es siempre la misma persona. No hablo del chico o de la chica de turno, es lo primero que hay que dejar claro. Aunque también entra dentro de este macro pensamiento que quiero transmitir pero mi cometido no es limitar sino ampliar los horizontes y resaltar que en todo caso iría más dirigido a la amistad o a saber … pero no quería dejarlo cerrado solo a esa posibilidad a la que tiende la gente.

Entonces, si seguimos con el hilo, la persona que es siempre la que da pie se pregunta: ¿pasa de mi? Y sí es así, no se quiere asumir, no se quiere reconocer o ver el rechazo que la otra persona muestra hacia ti, ¿por qué motivo? Cuando una situación actual es totalmente contraria a la habida, uno comienza a pensar en las causas que dieron paso a esta situación poco creíble, chocante pero que es la que es, y con esta es con la que debes de jugar, no es lo que fue, sino la que es. ¿Por qué no entender, el presente sin dejar de partir del pasado pero no queriendo vivir del mismo? El aferramiento, o que palabra tan grotesca, más como diría yo, tal vez, la rutina, la costumbre, hace que nos hagamos hasta nuestro propio destino de esta forma y por eso pensemos que estamos destinados porque nos prendemos en muchas ocasiones en lo que fue, ya sea en el amor, en la amistad, en nuestro lugar de residencia, que se yo … la cuestión es buscar lazos y explicaciones a situaciones que no tienen más que una explicación, o quizá miles, y ¿creemos que la vamos a encontrar, siempre una que es la adecuada y por ende la correcta? Claro que encontrar, siempre encontramos algo, hay que apoyarse en pensamientos o en algo que tenga forma y materia pero con el tiempo todos estos mismos recursos serán suplantados por otros y los que queden serán los que nos saluden antes, ahora y después.

Ya saben, dar es más difícil que a que nos den, hasta incluso cuando vamos a dar un bofetón, es más fácil recibirlo porque no hay suficiente fuerza de voluntad para darlo a no ser que estemos borrachos o hayamos tomado a saber que demonios. No pretendo potenciar la violencia, pero si tratar de mover el esqueleto y las cuerdas vocales de aquellos que no se dan porque es más fácil recibir.

No somos como la sombra del árbol o como el árbol de la sombra que da y recibe, recibe y da. Si tan parecidos somos a la naturaleza, ¿Qué nos queda de ella? Queda el no ser árbol y por lo tanto el no poder dar sombra a aquellos que parecen ser como nosotros, o al menos, eso nos han dicho.


Tiempos de papel

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El papel es el recurso de algunos para escribir sobre lo que siente en su alma, creo que este es mi caso. Cada uno busca auxilio en un apoyo sólido cuando un dolor recorre su cuerpo hasta llenarle de escalofríos. El papel calma mi tiempo de dolor.

Pero ¿qué es el dolor más que un tiempo de aprendizaje? El sentimiento y el pensamiento, siempre hay que mantenerlos equilibrados sino se produce un desequilibrio en el estado sólido de los que tienen alma. Para unos el alma pesa 21 gramos, para otros ni siquiera existe, sólo puede ser una palabra recogida ya no sólo en un trozo de papel sino en un papel virtual que no puedo tocar pero si teclear. Tal vez el dolor no sea más que teclas que nos hacen comprender como es el peso de nuestro alma. El mío si pesa porque lo siento cuando pienso.

Tiempo límite

 

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El color es rojo, nadie pasa por medio, no hay nadie que la atraviese, hay prisa y uno pasa. Pare señora esta multada. ¿Cómo? ¿Qué pasa?,  no entiende que cuando el semáforo esta en rojo hay que parar. Tiene 25 euros de multa me dice la señora bien alemana ella. Poco tiempo después de recuperar el ritmo pedaleando, un pedal sale despedido y al final mi largo trayecto ha tenido que ser; Bajo la lluvia, con el pedal en la mochila y la bicicleta de la mano.

Mientras paseaba en esta situación he pensado mucho en el pasado y en el futuro. Con el futuro quiero decir que tal vez con la multa y con la pérdida casi de mi pedal se haya evitado un mal mayor. ¿Por qué no pensarlo? Porque uno no esta para ello, sin más.

Hoy mismo otra “casualidad” más. Realizo un trabajo sobre Michael Foucault pero en alemán lo cual es casi categorizado de loco y el propio Foucault lo habría dicho, casi lo puedo asegurar. Pero en este texto hablaba de los dispositivos de seguridad y mira por donde que la seguridad me ha jodido pero bien y me perdonen por la expresión pero no puedo decirlo de otro modo y todavía no ha pasado ni un día sin que me dejarán sin mi dinero para comer al día siguiente.

Ahora bien, se me ocurre lo siguiente; una madre con su bici corre en busca de su hijo porque está en el hospital, ha perdido su trabajo y no tiene dinero. Nadie cruza por la calle, y ella de buen corazón pasa y la para la policía que la tiene más de veinte minutos a la espera de cobrarle en esa caja tonta la multa. Tiene que pagar 25 euros, el único dinero que tiene para comprar a su hijo las medicinas y para comida. El niño cuando la madre llega al hospital ha muerto. Sé que es un ejemplo radical, drástico, pero en ocasiones sólo con los extremos se puede observar como la pretendida seguridad con la que supuestamente contamos no es más que otro mecanismo para mantenernos vigilados y alejados de lo que realmente importa.

Estamos adormilados, nos están adormilando lentamente y no nos damos cuenta. Los dispositivos del terror que el propio Foucault los llama de seguridad están ahí fuera, nos rodean y nadie quiere frenarlos. No miréis a los de arriba porque son ellos los que los implantan. Porque el color amarillo es su favorito pero recuerdo que hay más colores.

El eterno tiempo

 

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 En primer lugar y antes de continuar en el tiempo con la sombra del tiempo. Pido disculpas en estos momentos a los lectores de este blog por mi ausencia durante un tiempo bastante largo. Las navidades son tiempo de vacaciones a veces tanto para los que escriben como para los que leen en mi caso sólo es siempre para los que escriben, puesto que, sin leer no sabría ni como llegar a mi casa.

Tras este pequeño texto de disculpa, trato de reflejar las insuperables veces en las que nosotros mismos nos esforzamos por mantenernos eternamente vivos y en este caso, me refiero concretamente a mantener vivo el cuerpo, el cual se esfuerza tal vez por permanecer quizás en el mismo estado que nuestro alma. No voy a partir de La Mettrie con su mito del hombre máquina, tampoco voy a caer en el dualismo mente y cuerpo cartesiano sino en la inmortalidad. Que puede ser a nivel espiritual como se puede observar en la película La Fuente “The Fountain” o la inmortalidad a nivel corporal como en “Blade Runner”. La frase que mejor resume esta útima película sería la siguiente: “Lástima que ella no pueda vivir. Pero, ¿quién vive?”.

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Ambas películas tiene poco que ver a simple vista, pero en las dos la pregunta de fondo podría ser, ¿Qué significado tiene la muerte para aquellos que saben que van a morir?, ¿Por qué unos aceptan la muerte y otros ni siquiera quieren hablar de ella? Pero tengamos en cuenta que la frase recogida de la película de Blade Runner cuando se refiere a ella habla de un ser creado a la manera de un robot pero cuando se pregunta: “pero, ¿quién vive?”, esa es la pregunta para la cual en estos tiempos aún no hay respuesta. Seguiremos con este tema.

El tiempo y el espacio de la cámara

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Andy Warhol

No importa donde se pone la cámara. Sólo importa recortar un pedazo de la realidad al modo de arrancar un cuadro colgado en una pared.

Los medios, son el intermediario de la realidad. Sin embargo, ¿De qué tipo de realidad? La realidad de unos pocos y que pretende ser el ejemplo de muchos. La realidad de unos particulares que tratan de establecerse como el universal a seguir, al modo del imperativo categórico de Kant, que dice así: “actúa de tal modo que tu obrar, pueda convertirse en norma universal”. Habría que cambiarlo para adaptarlo a la era actual por el siguiente: “actúa de tal modo que tu medio convierta su propia realidad en norma universal”.

Hablar de realidad, de objetividad, de verdad equivale a señalar conceptos similares a los creados por lo griegos tales como verdad, belleza y bondad. Son conceptos creados o unidades mentales  que realmente están muy alejados  de la realidad que podemos conocer y podemos llegar a perfeccionar ya que tales conceptos se pueden considerar dentro de lo que podremos llamar los umbrales de la perfección. Lo importante, es que tienen mucho que ver con los medios de comunicación y sus pretensiones o los objetivos que estos persiguen.

La realidad no es un concepto cerrado, es más que el primer telón que se nos muestra en un teatro. Los medios muestran los escenarios como comedias o mejor dicho más como dramas que tratan de ser hiperrepresentados ya no sólo son representados. 

Cojamos los conceptos. El primero el de objetividad. Miles de ojos para una sola cara, ¿Cuál de aquellas miradas recoge la información de manera objetiva?, tal concepto pertenece a los nombrados como umbrales de la perfección.

El otro concepto, la verdad. ¿Qué es la verdad? (en cuanto a informaciones) o como decía el título de un libro alemán

“¿Welche Wahrheit braucht der Mensch?¿Qué tipo de verdad necesita el hombre? Parece que en esta era de la Información, los conceptos clásicos de verdad, belleza  y bondad deberían ser cambiados por los contemporáneos de mentira, fealdad y maldad. No todo es blanco ni negro sino que hay una gran escala de grises pero el lenguaje vago y llamativo es la manera más fácil para captar la atención de aquellos a los que se les llama espectadores y sólo son realmente números que miden el impacto comercial. Seres humanos como números de impacto. Esa es la pura verdad en estos tiempos, así, lo recogen las cámaras ocultas en un espacio recortado.

La espera es una parte del tiempo

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Nietzsche

¿Quién espera? O mejor dicho ¿Qué espera? La espera o incluso la esperanza son los andares de nuestros caminos, como un antiguo refrán que dice: “quien anda hace camino al andar”, es lo mismo, quien espera, espera algo. Sin embargo, nuestros deseos, anhelos e incluso esperanzas requieren muchas veces de un tiempo superior al esperado y cuando ya son, resulta que ya no deberían ser. Recuerdo a mi profesora de historia del Núñez de Arce que siempre resaltaba la siguiente frase: “esperanza esperada” o lo que es lo mismo la Segunda República Española.  Que fue esperada y para qué… para lo siguiente que quien lo recoge decentemente es el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien dice así: “Hacer de la desesperación más profunda la esperanza más invencible”. Recojo la esperanza no como algo destructivo porque supuestamente la denotación de la palabra espera parece que en sí misma lleva  una espera infinita o se torna como un círculo. Pero como dicen aquí las sabias madres en mi caso quiero señalar más de una: Encarna, María y Emiliana  “lo que es para ti, llegará tarde o temprano”. Dicha frase no refleja el conformismo, no tiene el significado tan hostil que puede tener sólo la palabra esperar con esperanza. El ejemplo más claro es el de alguien que va a viajar y espera que alguien lo recoja, ya sea en la estación de metro, en la de avión o en la misma puerta de  casa. El que recoge, el que espera a de dirigirse al lugar para recoger al viajero. Si el que “aguarda” no se acerca al punto de espera, ahí si que no hay nada que esperar. Esperen en el tiempo y en el espacio correcto, eso sí, tal vez quien sabe para eso han tenido que esperar veinte veces al vagón equivocado pero sin perder la esperanza de que todos los caminos o al menos eso se dice, llevan a Roma.